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Dime cómo comes y te diré quién eres

Triqui, el mostruo de las galletas, comiendo galletas.En Blogcocina, ya hemos hablado del slow food (comida lenta) como movimiento antagónico y opuesto al fast food (comida rápida), y como uno de los pilares fundamentales de toda una filosofía llamada Slow Life o Slow Movement, que trata de marcar nuevas pautas orientadas a racionalizar nuestro ritmo y nuestro modo de vida, en numerosas facetas de nuestra realidad cotidiana. Si el modo de comer desempeña un papel tan importante en el movimiento Slow Life, es porque el acto de comer es un fiel reflejo de nuestra forma de vivir en general: nuestra forma de entender los modos de producción, nuestra forma de trabajar, etc. Dime cómo comes y te diré quién eres.

En relación con el comer, con la cocina y con la gastronomía en general, hay otro movimiento del Slow Movement conocido como slow shopping, que es una forma de entender el acto de hacer la compra al estilo de nuestros mayores, con pausa y con deleite, que desempeña un papel muy importante en el propio acto de cocinar. Y todo ello constituye un pequeño tramo más en la espiral que va del buen comer al cocinar y comer despacio, del cocinar despacio al comprar los mejores productos empleando el tiempo necesario, del comprar los mejores productos a cultivar y vender sólo productos de temporada obtenidos a partir de la agricultura ecológica, del comprar en el tiempo necesario al acudir a las tiendas de barrio especializadas (en las que el tendero ya conoce nuestros gustos, y nos da lo que sabe que nos interesa), del acudir a las tiendas de barrio a prescindir del uso del coche para hacer la compra, etc.

A primera vista, es muy posible que a muchos de vosotros os parezcan utópicos los planteamientos de la Slow Life, pero si lo pensáis, de la misma manera que hemos llegado a asumir paulatinamente nuestro actual modo de vida y de comida rápida a partir de una concatenación de hábitos impuestos, todos podríamos llegar a invertir la dirección de la espiral de nuestra rutina. Para ello, tan sólo hace falta vivir con una mayor actitud crítica, y partir del respeto a nosotros mismos y al medio ambiente como plataforma de desarrollo del único estilo de vida sostenible por el organismo, por el espíritu y por el propio Planeta: el del equilibrio.

Foto: Jordiet

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