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Gastronomía raruna

Ración de tarántulas fritas para comer

¿Qué es raruno y qué no es raruno en gastronomía?
Lo raruno y lo no raruno son formas de adjetivar subjetivas, que utilizamos en función de criterios personales; o sea, de nuestro grado de familiarización con cada cosa. Así, mientras para un españolito de a pie resulta sumamente raruno por infrecuente comer arañas o alacranes, para personas de otras culturas resulta repugnante comer jamón -por ser un derivado del cerdo, en el caso de las culturas musulmanas, pero también por no estar cocinado-, verduras crudas como el pimiento, el tomate o la cebolla, ostras vivas, testículos de toro, etc. Por lo tanto, hasta que no nos invadan los marcianos y se popularicen las recetas de criptonita, yo me niego a hablar de gastronomía raruna. Prefiero llamarla inusual, pero me seguiré refiriendo a ella como raruna para que nos entendamos.

Lo raruno aquí no lo es allí. Lo raruno hoy, no lo era ayer.
En un mismo país en el que se comparte el grueso de las tradiciones gastronómicas, también se dan manifestaciones rarunas en el comer a poco que nos desplacemos en el tiempo, o en el espacio (entre regiones). ¿Quién no ha oído nunca a su abuelo hablar de los años del hambre, en los que un lagarto, una cigüeña o una rata de alcantarilla eran un bocatto di cardinale? ¿Y qué me decís de la cara que ponen algunos norteños cuando les sirven una ración de caracoles en un bar de Sevilla, o del rechazo que sienten otros al ver un queso criando moho en Cabrales y hediendo como el dormitorio de un batallón de infantería?

Comidas rarunas con carné de rarunas.
Por poco frecuentes, no obstante, hay una serie de comidas que podemos considerar sin pelos en la lengua como rarunas. Bueno, en alguno de los casos, con pelos en la lengua, todo hay que decirlo. Os dejo algunas, para vuestro deleite:
Arañas gigantes a la plancha, un manjar en Camboya.
Penes de buey. En China, hay quienes creen fervientemente en eso de que lo que se come se cría.
Gusanos fritos. Las larvas fritas dan lugar en Tailandia a brochetas con un importante aporte de proteínas.
Carne de perro, también en China. No, no es leyenda urbana.
Cerveza de huesos de humanos, en Perú. Un rito ancestral que se realiza con los huesos de los familiares fallecidos.
Licor de lagarto. Yo he tenido uno en mi casa. Parecía más bien un pobre bicho sumergido en formol como esos que se ven en los laboratorios científicos. No llegué a probarlo.

Bueno, y hasta aquí puedo (o más bien quiero) leer. Tenía una de ojos crudos y tal, pero se acerca la hora del almuerzo y no es éste el tema más oportuno. ¡Feliz día a todos!

Foto: Sistak

4 comentarios en esta entrada
    • Sólo hay que mirar fijamente a los ojos a una gamba. Yo siempre pongo el ejemplo de los mariscos. Una gamba es lo más parecido a un saltamontes marino. Calla, calla, que me falta una semana para irme a Huelva…

  1. El otro día, sin ir más lejos, hablando con un malpartideño que rondaba los 80 años, me hablaba de las veces que comió gato de pequeño, eran otros tiempos pero según me decía su carne, parecida al conejo, estaba riquísima.
    En el pueblo de mi mujer, Santiago del Campo, hace dos lunes terminaron las fiestas degustando la carne del novillo que “toreraron” la tarde anterior. Es una tradición en la que participan buena parte de los vecinos del pueblo y el resultado es excelente.
    Y los ejemplos de orejas, criadillas,mollejas, rabos, lenguas, etc… son fácilmente accesibles en nuestras carnicerías.
    Como bien dices en el artículo todo es raruno en función de la frecuencia con que lo comas, comerse un cangrejo o rechupar las patas de los mariscos podría resular ciertamente desagradable para un paladar desacostumbrado y sin embargo nosotros lo asumimos con naturalidad.
    No sé, tengo la sensación de que, por ejemplo, los saltamontes fritos deben estar bien buenos.
    Felicidades por el blog, amigo.

    • Toni en estado puro: documentando, razonando, tirando de anécdotas, entreteniendo, y quedándonos con ganas de más. Tal vez en un futuro ampliemos el radio de acción de nuestras aventuras, y podamos comer una ración de saltamontes en algún lugar exótico. ¡Un abrazo!

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