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El magosto o fiesta de las castañas

Castañas asadas

El 1 de noviembre, coincidiendo con la festividad de todos los Santos -nuestro Halloween-, en muchos rincones de España se celebra el día de las castañas. Sin atenernos escrupulosamente a los márgenes fronterizos de las modernas comunidades, en el pellizco noroeste del país -en toda Galicia, en zonas de León, de Asturias, incluso en gran parte de Extremadura, etc.- a la fiesta de las castañas se le conoce con el nombre de magosto, magusto en Portugal.

Gastronómicamente hablando, las castañas son, como es obvio, las protagonistas de este día. Donde yo vivo, después de una larga jornada en el campo, unos a base de bocadillos y otros con carne a la parrilla hecha en alguna improvisada barbacoa, al caer la tarde todo el mundo se arremolina en torno a las fogatas, con un paquete de castañas asadas en la mano.  Si hace fresco, que suele ser lo habitual, el calor del propio fruto entre los dedos y en la boca, es un placer que se une al del sabor mismo de las castañas, dulce y suave. Las castañas hay que asarlas lentamente, preferiblemente con las brasas de la lumbre y no con el fuego directo, para que no se arrebaten y queden bien hechas.

Una alternativa a las castañas asadas, con un sabor muy parecido pero con un tacto en la boca mucho más delicado, son las castañas cocidas. Recuerdo haber descubierto las castañas hervidas en casa de un amigo gallego que, según había aprendido de su abuela, solía añadir al agua de la cocción un puñado de anís que endulzaba aún más a las castañas.

En las regiones donde abundan los castaños, suelen ser habituales durante estos días las fiestas de las castañas, en las que además de comer este exquisito fruto de otoño, se bebe vino, se baila, y se saca a la calle lo que se tiene para el deleite de los turistas. En Portugal, es muy conocida la Feira da Castanha de Marvao, un pueblecito medieval portugués abrigado por las murallas de un espléndido castillo que, durante la primera semana de noviembre, rinde su particular homenaje a las castañas con un festejo por todo lo alto.

Foto: GimmeFood

3 comentarios en esta entrada
  1. Mi abuela que era gallega también me hacía las castañas cocidas con el anís. Recuerdo que a mí, acostumbrado a las asadas, no me gustaban mucho, pero resulta que tengo ahora en casa, así que voy a probar a hacerlas a ver qué tal.
    Un abrazo

    • Yo me las hice la semana pasada. No proporcionan la misma sensación en boca que las asadas, ni saben exactamente igual, pero estań muy dulces. A mí me gustan de cualquier manera, la verdad. Me pasa algo parecido que con los higos. ¡Un saludo, Santiago! 😉

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