¿Cómo saber si una sandía o un melón están maduros?

A la hora de comprar melones o sandías, todos hemos visto alguna vez al vendedor llevar a cabo una especie de rito difícil de interpretar para el resto de mortales, consistente en apretar, palpar, menear, e incluso golpear la piel de la fruta, como si el melón o la sandía en cuestión fueran unos timbales. Pero, ¿realmente se puede saber si un melón o una sandía están maduros dándoles golpes con las yemas de los dedos o con los nudillos? La respuesta es que sí, pero hay matices.

En el caso de los melones, el punto de maduración determina la consistencia de la carne, y el grado de agarre de las pipas que se encuentran en su interior. De esta forma, si al golpearlo nos da sensación de excesiva firmeza, es posible que el melón no esté demasiado maduro, algo que se puede saber también meneándolo ligeramente. Otra forma de saber si un melón está maduro, es fijarse en la parte del rabillo por el que permaneció agarrado a la tierra durante su crecimiento. Dado que los melones se deben recoger cuando este rabo está seco (momento en el que los melones pueden seguir madurando en lugares refrigerados), si observamos que el trocito de rabo está demasiado verde, es posible que el melón esté también verde, y por lo tanto menos sabroso. Por último, para saber si un melón está maduro, se suele apretar con los dedos ligeramente el extremo opuesto al del rabillo. Si cede con facilidad y desprende un olor intenso a melón, es porque está maduro.

En cuanto a las sandías, sabremos si están o no maduras si, al golpearlas, el sonido es el de un objeto macizo y compacto -indicativo de poca madurez-, o si por el contrario, suena a hueco -lo cual será un indicio de maduración óptima-. También es conveniente observar el color de las sandías para saber si están maduras. Éstas deben tener una mancha marrón en la base, indicativa de haber estado en contacto con el suelo hasta el momento de su maduración; además de varias franjas blanquecinas a lo largo del cuerpo.

Como en todo, el sonido, el aspecto y el olor de la fruta, como mensajes sobre el estado de maduración de la fruta, componen un verdadero lenguaje que requiere de experiencia para que la interpretación sea lo más realista posible. No obstante, hay que tener en cuenta que un correcto estado de maduración de la fruta no siempre garantiza su dulzor.

La sandía, una de las frutas de verano por excelencia

Fotos: Vic Lic / Maesejose

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Ricardo Ojalvo

Se define a través de sus recetas y artículos como un consumidor consciente y un amante de la cocina dominado por la curiosidad, comprometido con la causa de los platos fáciles, rápidos, ricos y sanos. Su pasión de eterno aprendiz es la sal de sus publicaciones, y su humor, la pimienta.

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