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15 bocados deliciosos que son… ¡desperdicios de comida!

Es una contradicción en sí misma, pero hay muchos bocados deliciosos que terminan siendo descartados como desperdicios de comida. ¿Sabéis a qué me refiero?

No, lo que vengo a contaros hoy nada tiene que ver con la caducidad de los alimentos que, por falta de previsión, acaban desgraciadamente en la basura, ni tampoco con el ataque profundo de buena conciencia que os asalta cuando coméis por quinta vez en una semana en un fast food, y acabáis tirando parte de vuestro “más menú” y guardando, por supuesto, el juguetito en el bolsillo.

Tampoco tiene relación alguna mi selección de exquisitos bocados y bocaditos de desperdicios con alimentos como el queso azul o el queso torta, allende los tiempos descartados por defectuosos y hoy convertidos en productos de alto valor gastronómico; y ni mucho menos quiero referirme en este artículo al caso del gorrino, del que no se tiran ni los piercings de morros y orejas aunque no todas las culturas ni en todas las épocas se haya tenido la misma consideración de este santo animal.

De lo que quiero hablaros es de 15 delicias gastronómicas o micro placeres con un poder acientíficamente adictivo nacidos para acabar sus horas en el cubo de basura en la mayoría de los casos, y que sólo son devorados en ocasiones por una selecta minoría de gurús del minimalismo gastronómico, “amelies” del ratoneo doméstico e integrantes de la religión del “aquí no se tira comida”, cuya supervivencia en este mundo está asegurada por el simple hecho de que “hay gente pa tó”. ¡Vamos con la lista!

1. La costra de arroz negruzco pegada a la paellera cuando el arroz se pasa un poco se merece la primera posición del “top 15” de bocados de desperdicios, por guardar la mayor de las relaciones delicia-deshecho, y por haber sido ultrajado vilmente en pueblos archifamosos como “Villa Arriba” y “Villa Abajo”. Este indeseado socarrat es inducido de manera voluntaria por algunos locos del “desperdicianismo” que suben a traición el fuego de la cocina de sus madres, parejas y demás víctimas, en la fase final de cocción de paellas, risottos, etc.

2. Las cabezas de las gambas hacen más inteligentes a quienes las chupan, y dicen que quien las chupa una vez, no dejará de chuparlas en toda su vida. Puede incluso que en el más refinado de los ambientes, un convicto chupador de cabezas de gambas sienta el irrefrenable deseo de lanzarse sobre el plato de cualquiera que decida no chuparlas. Esto es absolutamente cierto, porque lo digo yo.

3. El chocolate que queda pegado en el cazo al derretirlo. La mayoría de las madres han visto a sus hijos lanzarse miga de pan en mano con las lenguas sudorosas al cazo vacío del chocolate fundido para la cobertura de su tarta, mientras les “resbalaba” diametralmente la tarta propiamente dicha, lo cual prueba que todos llevamos un “desperdicionista” dentro.

4. La piel “churrascadilla” de un pollo asado. Hay que decir que el mundo está lleno de pervertidos gastronómicos que lo gozan desnudando a sus pollos antes de devorarlos. Quien ha probado a comerse los ropajes del plumífero animal con un toque crujiente tirando a quemadillo, saben que comer desnudos es tendencia afanosa entre los obsesos del culto al cuerpo, y que lo light está sobrevalorado.

5. Los pedacitos de tarta sobrantes en la bandeja de un tiramisú casero. La generación “raspaduras” sabemos muy bien en qué consiste este quinto bocado tratado como desperdicio por algunos terroristas de la repostería casera. Los “desperdicionistas” se delatan a sí mismos en el momento de servir las porciones de tarta cuando con falsa galantería dicen eso de “a mí sírveme el último, que si no sobra, no pasa nada”.

6. El líquido que queda en el fondo del plástico de los flash. Un flash puede estar rico, pero no es nada comparado con las últimas gotas absorbidas con esfuerzo mientras los ojos se salen de sus órbitas. Este extraño caso fue objeto del chiste obsceno del viejo y el flash que marcó mi niñez y que no estoy dispuesto a reproducir.

queso pizza

Un “desperdicionista” de verdad no ve la pizza, sino el trocito de queso de la bandeja que está a punto de tostarse.

7. Los pegotes de queso que quedan pegados a la fuente después de hornear una pizza son, en ocasiones, arrancados de la superficie indiscriminadamente por cocinillas sin alma armados con espátulas limpiadoras, pero casi siempre hay una mano indiscreta que se cuela entre el alboroto que normalmente genera una pizza recién salida del horno, y acaba llevándose el sabroso botón tostado a la boca. Si no son vistos, estos ladronzuelos nunca desvelan su secreto antes de morir.

8. Los restos que quedan de una bolsa de gusanitos. ¿Habéis visto alguna vez a padres en los parques dando de mamporros a las bolsas de gusanitos de sus hijos antes de abrirlas con la excusa de que así es más fácil abrir la bolsa? ¡Mentira! Lo que quieren es comerse el irresistible polvo salado de gusanitos que queda atrapado en las esquinitas del fondo de la bolsa, pese al riesgo de desnutrición de sus famélicas criaturas.

9. Las granos de maíz tostados de más y crujientes de las bolsas de palomitas de maíz. Quienes son sabedores del delicioso sabor de este mini bocadito, arriesgan la integridad de sus empastes con tal de -a razón de una por cada diez mordidas- dar con un granito quemadito y sabroso. Luego están los que practican este deporte en el cine, pero como hoy no quiero insultar a nadie, lo vamos a dejar así.

10. Los extremos de los huesitos quemados de las alitas de pollo. Un enfermo de los desperdicios reconoce como principio fundamental que si uno muere atragantado comiendo los huesos tostados del pollo, habrá merecido la pena. Fin de la cita.

11. Los trozos de galletas, cereales y magdalenas del fondo del tazón. Hay indicios serios de que el cemento armado fue inventado por un aficionado a esta práctica, pero el tipo era bien feliz, sobre todo en la hora del desayuno; y tú que te estás riendo, pillín, sabes bien de qué hablo.

cola pescado

-” ¿Le corto la cola?” – “¡Córtese usted otra cosa, señora!”.

12. Las colas fritas del pescadito frito. Te has negado a darte al tema a lo loco porque dices que eso de ir comiendo colas por ahí no es lo tuyo, pero al igual que pasa con las cabezas de las gambas, como te comas una, no quedará espina de sardina con su cola frita en el plato.

13. Los palos salados del tronco del girasol que se cuelan en las bolsas de pipas. Los hay que saben a rayos, pero hay otros que pueden llevarte a rebuscar sin control entre las pipas y hacerte gritar como un poseso: “¡un palooo, un paloooo!”.

14. Las semillitas tostadas de los panes con semillas que quedan sueltas en la bolsa del pan o en la panera. Agarrarlas requiere una técnica precisa que sólo un buen “desperdicionista” conoce, y que consiste en chuparse la yema de un dedo y aplastar las semillas para que se queden pegadas. Si le das a esta droga dura, reza porque no te pongan pan con semillas en una cena formal con tus suegros, o vas a dar muy mala impresión.

un palooo

Imagen de un palo-adicto de las pipas pillado “in fraganti” en pleno éxtasis.

15. Los trozos de corteza del queso curado. Pero, ¿quién se inventó la norma de que las cuñas de queso había que comérselas sólo hasta el extremo, y tirar la corteza? Yo pienso que detrás de esta medida hay una conspiración de la industria quesera. ¿Os habéis parado a pensar en la cantidad de quesos de más que se venderán por este derroche asalvajado? Pues yo sí, y no me acuerdo de la cifra, pero era tanto o más.

Y hasta aquí puedo leer, amigos cocinillas, así es que cierro el kiosko por hoy con la esperanza certera de que enriquezcáis este rico de por sí debate que acabo de abrir sobre un tema tan trascendental y tan poco valorado como el de las exquisiteces gastronómicas tratadas como desperdicios, o de los desperdicios de comida tratados como bocados deliciosos.

¿Y a vosotros, qué desperdicios os generan una incontrolable adicción?

10 comentarios en esta entrada
  1. La que me he dado de reír!!! Por aportar mi granito de arena, a mí todo el mundo me da en mi casa el gajo central de las naranjas, esa cosa dura con un sabor fuerte que no parece gustar a nadie y que a mí me encanta… Saludos!!

  2. Yo rebaño los papeles de las magdalenas raspándolos con una cuchara. Y si no hay cuchara me los meto en la boca y los mastico cual chicle de papel hasta que exprimo la última gota de sabor.

  3. Madre mía Ricardo! me veo reflejada en cada uno de tus 15 deliciosos bocaditos… Son todos habitos q me invaden desde bien pequeña, supongo q cm a muchos de tus lectores… Fíjate yo añadiría uno, que comprendo q no a todo el mundo le gusta; pero q a mí me apasiona: no soporto a la gente que pela los tomates, cada vez q veo a mi madre quitándoles la piel, yo voy y m la como… ‘pa mear y no echar gota, dirán muchos, no??’ Buen artículo, sí señor!!!!

  4. Me generan adicción varios de esta lista!!

    Pero también agregaría: -sacarle la sal a la cáscara de las pipas antes de romperla
    – la cáscara del tomate! no entiendo a la gente que se la saca
    – la cáscara de las manzanas!! es lo más riiico y cuando veo que alguien pela su manzana y tira la cáscara (de confianza obvio.. pero es mi delirio y sufro cuando veo ese acto de puro desperdicio de sabor!) se la pido y la como en el acto 🙂
    -el polvito que queda en el sobre al verter un zumo (principalmente de la marca Tang o Clight) para prepararlo, le paso el dedo para comerlo!
    -la cáscara de la papa! cuando hacemos papas hervidas o al horno con su cáscara es muuuy rico dejársela, y nutritivo 😀 me encanta.
    Y bueno estoy segura de que tengo alguna que otra más pero en este momento no se me ocurren

  5. Mi padre y yo “mendigamos”en casa, por los ajos churruscados de freír las papas! Y también por las papas que quedan duras y crujientes jijijiji… ^^

    • Lo de los ajos, que a buen seguro te habrá privado de algún buen amigo (pero más lo vale un trozo de ajo) me ha recordado también a mi pasión por la cebolla cruda empapada en aliño que queda en el fondo de la ensaladera. Sé que no debo tomarla por el bien de la humanidad, pero es superior a mis fuerzas. 😀

  6. Qué buena vuestra página ,…y lo que me he podido reír!!,..
    .
    A todo lo dicho añado la manía de no tirar tarro, bote,pote o cachivache que halla podido contener algo de tipo comestible como mermelada, nocilla, yogurt,,etc. sin pasarle el debido dedo por todo el interior hasta dejarlo más limpio que la nevera de Gandhi,
    Esos últimos rebañeos me saben a gloria precisamente por eso,. Siempre hay emoción cuando se empieza un tarro y también cuando le damos la despedida final,jaja…

    • ¡Ja, ja, ja! Me sumo a la causa, Lupita. Me confieso rebañador de tarros de Nocilla desde la niñez. Soy un caso perdido, pero seguro que me lo agradecen los señores que se dedican a reciclar el vidrio 🙂

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