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Receta: labneh o queso de yogur casero

Muy fácil y entretenido de hacer, el labneh o queso de yogur es un delicioso entrante o tapa muy versátil, que se presta a mil presentaciones diferentes. Al ser un queso cremoso, se puede untar, pero también se puede comer directamente en pequeñas porciones. Además, se presta a ser conservado en aceite de oliva con o sin rebozado de hierbas aromáticas.

Para la ocasión, yo he optado por elaborar bolitas de labneh a las finas hierbas que luego introduje en aceite de oliva para darle un plus de sabor y conservarlo mejor.

Qué es el labneh de yogur

Sin saber si quiera qué es exactamente, el labneh es de esos bocados que, a primera vista, consiguen provocar el deseo de quienes tienen conocimiento de la receta, como fue mi caso hace no demasiado tiempo, y como tiene que estar pasándote a ti ahora mismo. Pero también suele suceder que cuanto más se sabe del origen de algunas comidas, más interesantes resultan.

El labneh es un queso elaborado con yogur (generalmente, de leche de vaca o de oveja) típico en diferentes países de Oriente Medio, que destaca por su carácter untuoso. Es un fenomenal queso crema al que se puede dar una mayor o menor consistencia en función del tiempo que lo dejemos expulsando suero durante el proceso de elaboración, y que su región de origen se suele servir como aperitivo acompañado de pan de pita.

Os cuento cómo lo hice yo.

Receta: labneh a las finas hierbas en aceite de oliva

Labneh casero en aceite de oliva

Un queso fresco casero de sabor suave para untar hecho con yogur.

Ingredientes:

  • 2 yogures griegos naturales sin azúcar
  • 1/2 cucharadita de sal
  • Orégano seco
  • Tomillo seco
  • Albahaca seca
  • Molinillo de 5 pimientas
  • Aceite de oliva

Haciendo labneh casero

Elaboración:

  1. Sobre un colador o filtro de plástico, ponemos un par de gasas estériles (o una gasa y una servilleta de papel).
  2. En un cuenco, mezclamos los yogures (con su suero) con la sal.
  3. Vertemos la mezcla en el colador y cerramos las gasas en forma de atillo. Lo colocamos sobre una jarra para que suelte el suero de manera que las gasas no lleguen a estar en contacto con el suero y lo introducimos en la nevera durante al menos 3 días.
  4. Al primer día, podemos retirar el suero que ha soltado y guardarlo en un bote de cristal para utilizarlo en alguna receta de pan, bollitos, magdalenas… (Aguanta en la nevera al menos un mes).
  5. Pasado el primer día, apretamos un poquito el atillo con el fin de que quede más prieto y que suelte más suero.
  6. Si queremos un queso fresco cremoso, tipo queso crema de untar (Philadelphia), el primer día ya estará listo, pero si queremos que sea más firme, como es el caso, para poder crear las bolitas y conservarlas en aceite de oliva, debemos dejarlo un par de días más.
  7. Cuando esté manejable, tomamos porciones con una cucharilla y hacemos bolitas del tamaño de una aceituna. Las ponemos sobre un plato y dejamos que se sequen en la nevera unas 4 ó 6 horas.
  8. Rebozamos las bolitas de queso con la mezcla de las especias, las colocamos en un frasco de cristal esterilizado, las cubrimos con aceite, cerramos el frasco y mantenemos en la nevera al menos un día entero antes de su degustación (para que los sabores se potencien).

Mezcla de hierbas aromáticas: romero, tomillo, albahaca y pimienta

Tiempo de preparación: 30 minutos (más los tiempos de espera)

Tiempo de cocción: 0 minutos

Veredicto: ★★★★★

Como he dicho al principio, el labneh es un tipo de queso muy versátil al que podremos dar más o menos consistencia, que podemos comernos directamente o conservarlo en aceite con o sin hierbas aromáticas, y que podemos servir en bolitas, entero, untado en pan, etc.

Otra de las variables a la hora de hacer el labneh consiste en emplear un tipo u otro de yogur. Yo los hice con yogur griego con el fin de obtener un queso más cremoso, pero también puedes usar un yogur natural normal o desnatado si prefieres que quede más ligero.

También es posible hacer labneh dulce. Sólo hay que sustituir la sal por azúcar. Si lo sirves con unas nueces y unos hilos de miel o una cucharadita de polen fresco o seco, tendrás una merienda deliciosa o un postre original muy rico.

Otra posibilidad sería conservar las boiltas de labneh en aceite sin rebozar en hierbas, simplemente con una ramita de romero y un par de ajos, o incluso se puede tomar sin dar forma de boilta, sacando el labneh de la nevera a los dos días y presentándolo en forma de crema de queso regado con un hilito de aceite (a modo de hummus) con uvas y un pan persa, como se puede ver en este vídeo (minuto 29) del maestro Ibán Yarza.

4 comentarios en esta entrada
    • Parece fácil… ¡y lo es! Lo único complicado, es sacar un poco de paciencia y no caer en la tentación de comerlo antes de tiempo, porque yo… he de confesarte (ahora que no nos escucha nadie)… ya caí. La primera vez que lo hice, hace unos meses, al día y medio de tenerlo escurriendo en la nevera dije: “Venga va, ya! la próxima vez hago las bolitas, ahora me lo zampo!” y lo puse en un bol, regué con un poquito de aceite, cogí unas regañás y… hasta aquí puedo contar 🙂
      Espero que te guste y lo disfrutes, en bolitas o sin bolitas 😉
      ¡Un saludo, salá!

    • ¡Eso es Graci, no tiene más ciencia! 🙂
      Además, te permite jugar con la textura y el toque (o no) de especias final y eso siempre da mucho juego. Es genial si te gusta “enredar” un poco y hacer “pequeños experimentos”, jeje.
      Un saludo.

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