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5 formas extravagantes de cocinar… ¡con un coche!

Hoy voy a demostrar que la imaginación y la falta de escrúpulos no tienen límites. Si hace unos años te dejé patidifuso al presentarte a una joven italiana que cocinaba con el calor del lavavajillas que, a la postre, acabó haciéndose famosa, hoy vengo dispuesto a perder todos los puntos de mi flamante carné hablando de cinco formas de cocinar alimentos para ser comidos, usando como fuente de calor cualquier marca y modelo de coche.

Cuando tengo conocimiento de este tipo de perversas genialidades del género sapiens al que pertenezco, siempre intento imaginar el momento y la situación en que tuvo lugar la idea, y la chispa de lucidez o de falta de ella que hizo de la idea un intento, y del intento todo un hallazgo. Me pregunto si el gen que condujo al hombre peludo a hacer rodar las piedras redondas o a golpear los cantos para elaborar cuchillos, es el mismo que le incita a idear maravillas como ésta.

Cocinar “con” un coche no es lo mismo que cocinar “en” un coche. Quienes tienen complejo de caracol y viajan con la casa a cuestas, aman las sartenes eléctricas para el mechero del coche más que a sus propias madres, y son dignos ejecutores del arte de cocinar en el coche que respeto profundamente, aunque me lo pensaría dos veces antes de posar mi trasero sobre un asiento en el que se han cocinado unos huevos con torrijas.

Pero cuando hablo de cocinar en un coche estoy sintonizando heavy metal del bueno, amigo. Hablo de pensar en el coche, no como automóvil, sino como placa vitrocerámica; que es lo mismo que pensar en Rodolfo Chiquilicuatre, no como humorista, sino como representante de España en Eurovisión.

1. COCINAR CON EL CALOR DEL TUBO DE ESCAPE

A los yankees les encantan estas pijadas, y son felices tuneando sus coches los domingos por la mañana para, llegada la hora del almuerzo, darse veinte vueltas a la manzana cocinando sus hamburguesas con el coche en un alarde de cocina ecológica, barata y limpia donde las haya.

2. FREÍR UN HUEVO EN EL CAPÓ

Un clásico entre los clásicos que rinde a la perfección en coches con chapa pesada de los de antes, especialmente si son de color oscuro, aparcados a pleno Sol un día de ola de calor en verano. ¿Mito o realidad?

Por cierto, reflexiona, es pura lógica: si un capó caliente es capaz de cocinar un huevo a la americana, imagina lo que puede hacer si posas tú los tuyos con la sola protección de la tela de tu bañador entre materia y materia. No estaríamos hablando exactamente de cocinar, pero el olor a torrezno te acompañaría durante toda tu vida a partir de ese momento.

3. COCINAR CON EL CALOR DEL MOTOR DEL COCHE

En un lugar muy friki de Internet, de cuyo nombre no quiero acordarme, se explica con una aparente seriedad que me ha dejado pasmado cómo calentar y cocinar al vapor unas salchichas (y por ende, cualquier otro ingrediente que se preste) aprovechando el calor del motor. No quiero ni imaginar la de talentos culinarios que se está perdiendo el mundo de la Formula 1.

Lo mires por donde lo mires... ¡tiene huevos! / Foto:  Chad Horwedel

Lo mires por donde lo mires… ¡tiene huevos! / Foto: Chad Horwedel

4. COCINAR CON EL CALOR DEL INTERIOR DEL COCHE

El interior de un coche aparcado al Sol en determinados momentos y lugares del planeta, puede llegar a superar los 80ºC, temperatura más que suficiente para, según se demuestra en este vídeo, hornear unas galletas de masa fina. Ayuda dejar encendida la calefacción. Corres el riesgo de morir al entrar en el coche a meter y sacar tus deliciosas galletitas, pero eso es lo de menos.

5. COCINA SOLAR CON EL PARASOL DEL COCHE

¿A quién no se le ha pasado nunca por la cabeza usar el parasol del coche para hacer un buen cocido madrileño en la playa? ¡Hombre, por Dios! Con este inventazo, se acabó eso de dejarse la paga extra en el chiringuito.

Cocina solar hecha con el parasol del coche.

Cocina solar hecha con el parasol del coche / Foto: EBKauai

Treinta y seis años, nada más y nada menos, han tenido que pasar para por fin entender a qué se referían mis queridos Payasos de la Tele con aquella enigmática canción: “vamos de paseo en un auto feo, pero no me importa, porque llevo torta”. Gabi, Miliki, Fofito y Milikito sabían usar sus coches para cocinar tortitas, pero no se imaginaban la extensión que podía llegar a tener el hilo a poco que se tirara de un extremo.

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