Nunca se vio en Barcelona un encierro tan lujoso como el que tuvo que soportar Ahmed Vasif-Efendi en una de las playas situadas al norte de la ciudad, y nunca un reo había conseguido seducir de esta manera a toda una ciudad…
Corría el año del señor de 1787 (1201 AH) cuando Abdulhamid I, sultán del la Sublime Puerta, envió una embajada a España a ratificar el Tratado de paz, amistad y comercio entre los imperios otomano y español firmado cinco años antes. Por dicho tratado Carlos III obtenía el apoyo de Turquía contra los piratas de las regencias berberiscas que infestaban las aguas del Mediterráneo, en especial las catalanas y las andaluzas, a cambio de prohibir el paso del estrecho de Gibraltar a las flotas de las potencias que estuviesen en guerra con la Puerta.
El elegido para llevar a cabo una empresa de tal importancia fue Ahmed Vasif-Efendi, que era a la sazón el historiador del imperio y, además, un hábil diplomático, un hombre de un gusto exquisito, y parece que también el titular de una prosa un tanto pomposa, recargada y pretenciosa. Leo en un crónica del Journal Asiatique de junio de 1862 que Vasif-Efendi aceptó con alegría la misión, puesta que ésta halagaba su vanidad y excitaba su tendencia a la observación y al estudio. Así, tras un viaje sin incidentes reseñables, el 9 del mes de schawal de 1201, o lo que es lo mismo, el 29 de julio de 1787 anunciaba a golpe de cañon la arribada de su barco de la flota imperial ante la entrada del puerto de Barcelona.
Como era de esperar teniendo en cuenta su procedencia, un foco endémico de la peste, las autoridades sanitarias del puerto de Barcelona dictaminaron una cuarentena de unos veinticinco días antes admitir al buque y a su tripulación a plática. Ésta, en un principio, se tenía que haber cumplido en el flamante lazareto de Mahón. Las airadas quejas del embajador y las amenazas de volver a Estambul, y llevarse consigo los regalos que llevaba para el Borbón y otros dignatarios, hicieron replantear la situación a las autoridades las cuales, habida cuenta de la destartalado situación en que se encontraba el lazareto de Barcelona, permitieron que Efendi y su séquito acamparan a la turca en una de las playas del norte de la ciudad.
Lo lujoso del campamento, formado por un conjunto de tiendas entre las cuales destacaba una ricamente adornada llamada la Marquesita, y lo amplio de la comitiva del embajador, compuesto por dos secretarios, seis criados, quince lacayos, un sacerdote, un tesorero, un caballerizo, un mayordomo, un genízaro, un barbero, cinco cocineros, dos reposteros, dos cafeteros, un intérprete, un caballerizo, cuatro músicos y un sacerdote, excitaron, junto con los años de aislamiento del mundo árabe, la curiosidad de los barceloneses, ávidos de refinamiento y exotismo oriental. Rafael d’Amat, el barón de Maldà, nos cuenta en su Calaix de Sastre, la gran crónica de sociedad de la Barcelona de aquella época, que hombres y mujeres, pobres y ricos, se agolpaban a diario en las inmediaciones de la cuarentena para asistir al espectáculo que representaba la cotidianidad de los reclusos.
Y la verdad es que no era para menos si creemos los informes diarios remitidos a la junta de sanidad. En sus páginas manuscritas, entre los fastidiosos pormenores cuarentenarios relativos a la observancia del reglamento, el autor intercaló episodios de gran interés, como los conciertos del cuarteto que ayudaban a soportar el tedio del encierro, los banquetes que el embajador organizaba a expensas de sus anfitriones, o la celebración de batallas a varazos entre dos facciones de miembros de la comitiva. Actividades, todas, que los barceloneses, siempre tan amantes de la novedad, observaban con un mezcla de asombro y admiración, peregrinando a diario hacia la playa e intercambiando detalles en los salones.
Tan prendados quedaron de Vasif-Efendi y del lujo, la grandeza y el boato que le envolvía que, el 23 de agosto, fecha en la cual la misión diplomática fue puesta en libertad y tenía que realizar su entrada en la ciudad, se agolparon en el camino del lazareto haciendo que el viaje que en circunstancias normales, por la escasa distancia que separaba a éste de la capital, no debía durar más de media hora, durara cinco. Así, la entrada del embajador turco se convirtió en una de las más recordadas en años por los habitantes de Barcelona, asombrados por la opulenta procesión encabezada por el mismo Vasif-Efendi, montado en un hermoso caballo ricamente enjaezado y seguido por los carros que llevaban los regalos destinados al monarca español y el resto de la comitiva, que iba ataviada para la ocasión con ropajes y complementos de ricas telas, pedrerías y metales nobles.
Esta es mi versión de la receta que encontré en un libro titulado La cuisine marocaine, de Soline éditions, y que puede servir tanto de acompañamiento como de plato principal.
para 8 personas
Ingredientes
- 500gr de arroz basmati
- un buen pellizco de filamentos de azafrán
- 2 bastones de canela
- 3 cucharaditas de comino en grano
- 4 hojas de laurel
- 2 cebollas grandes picadas
- 4 cucharadas soperas de zumo de limón
- 1/2l de caldo de pollo
- 200 gramos de uvas pasas
- 100gr de piñones
- aceite de oliva virgen extra
- sal y pimienta
Preparación
- Lavar el arroz con agua fría hasta que ésta salga clara.
- Dsiponer el azafrán, la canela, el comino y el laurel en una olla de fondo grueso y hacerlas tostar a fuego moderado hasta que desprendan su aroma.
- Añadir un chorro de aceite y la cebolla. Cocinar hasta que ésta esté tierna y ligeramente dorada.
- Añadir el arroz, el caldo d pollo, el zumo de limón, las pasas, la sal, la pimienta y remover bien.
- Llevar a ebullición, cubrir el arroz y dejar hervir a fuego muy suave durante unos 15 minutos o hasta que el arroz haya absorbido todo el líquido.
- Dejar reposar varios minutos sin retirar la tapa.
- Añadir los piñones, que habremos dorado en aceite durante la ebullición del arroz, mezclar bien y servir.


Hola!!! te sigo desde hace un montón, cuando solo tenía un blog que no era de cocina.
Este verano me animé y abrí mi segundo blog esta vez sí es de cocina y me alegro muchísimo de haber visto el tuyo por que me animó a hacerlo.
El arroz se ve delicioso y las fotos como siempre me encantan.
Un saludo desde Mandil & Perejil
Hola Soraya,
Gracias por los ánimos y felicidades por tu blog que acabo de visitar, ya he desayunado pero me ha vuelto a entrar hambre.
Un saludo.
hola, me gusta mucho tu blog. Me he quedado como seguidora de él. Y me gustaria saber si puedes visitar el mio y dejar tu opinión. Si te gusta podemos hacer un intercambio de enlaces. que te parece?
http://www.blanca-mirinconderecetas.blogspot.com
me gustaria aparecer en tu lista de blogs
Hola Blanca,
Ya veo que eres una golosilla, felicidades por el blog y las recetas, que tienen muy buena pinta. Me parece bien hacer un intercambio de enlaces