Divagaciones de un cocinero de pueblo (I)
A principios de esta primavera se han cumplido treinta años de mis primeros pasos como cocinero, al frente de un humilde Restaurante familiar ubicado en Perales del Puerto, un bello y tranquilo pueblecito emplazado en la cautivadora Comarca de Sierra de Gata, en el norte Extremeño.
Treinta años… cómo pasa el tiempo… Lo cierto es que salvo algunas cosas, ya nada es como era… ¿Mejor, peor?… Y qué sabe nadie… Por lo que a mí respecta, yo subscribo lo que tantas veces me trasmitía la sabiduría pudorosa de mi abuelo… Querido nieto, recordar, todo… evitará que repitas aquello que no te gustó… retroceder, ni para coger impulso… desandar lo andado, te hará viejo antes de tiempo…
Pero volvamos a mis inicios como cocinero… Me vienen a la memoria aquellas primeras piruetas en los fogones… sin duda, qué distintas a las de hoy… Lo cierto, es que el Cocinero de hoy, debe considerarse, no sólo afortunado, también dichoso, tanto personal como profesionalmente.
Recuerdo aquellos días, en los cuales había que esconderse para no sentir cierta vergüenza de ejercer tan digna profesión, especialmente si ejercías en pueblos pequeños. Por suerte aquellos tiempos han pasado.
Hoy en día, el Cocinero honesto, el cocinero de vocación… el cocinero comprometido con su cultura y sus más arraigadas tradiciones gastronómicas… sin duda, no sólo no tiene que esconderse, sino que llegará a ser un profesional respetado, admirado y socialmente bien considerado.
Aquellos días en los que al profesional de los fogones se le consideraba como un ser retraído y en cierta medida aislado… cuyo cometido en la sociedad de aquel momento no era otro, que la de dar de comer a los huéspedes que tenían a bien visitar su Restaurante. Por suerte, aunque no dejan de ser tiempos tiernamente recordados, a día de hoy son anécdotas del pasado.
Sí, es cierto, afortunadamente el Cocinero de hoy, el de vocación, es algo más que un simple manipulador de alimentos. Con su trabajo y su bien hacer, en mi opinión tiene mucho que ofrecer y expresar al resto de la sociedad. Es mas, sin ningún tipo de dudas, un buen cocinero, contribuye a conseguir una sociedad mucho más moderna y comunicativa, y tal vez algo mucho más valioso y respetable, una sociedad más solidaria.
Pero no puedo evitar el ir un poco más allá… Sin duda, el cocinero comprometido y honesto se convierte en un artista, cuando con su trabajo es capaz de comunicar sensaciones, de emocionar con el resultado de un trabajo bien hecho. Pocos momentos pueden ser más reconfortantes y agradecidos, como aquellos en los cuales, un cocinero percibe cómo sus platos trasmiten emotividad y placer… y cuando una sincera y emocionada sonrisa aflora en la expresión de sus huéspedes…



