Cuando queramos cocinar riñones, hay un pequeño truco para quitarle el mal sabor: ponerle unos pedacitos de corteza dura de jamón curado en el guiso.
Tendrán un sabor delicioso.
Cuando las cebollas tienen un sabor demasiado intenso y son desagradables de comer, córtalas en rodajas y deja que maceren en una mezcla de aceite de oliva y zumo de limón, intentando que el líquido las cubra por completo.
Deja que "llore" la cebolla y a comer, deliciosas y suaves.
Al freír los algunos alimentos en aceite (como por ejemplo, pescado o pimientos), el sabor de éstos suele modificar el del propio aceite. Para eliminar el sabor a otros alimentos del aceite, sólo tenemos que limpiar una patata, cortar varias tiras gruesas de piel, y echarlas al aceite caliente que queramos purificar. En unos 3 minutos, el aceite habrá recuperado su sabor original, o al menos en parte.
Para conservar el aroma y el sabor del café en grano como recién abierto, mételo en un recipiente de cristal y guárdalo en el frigorífico o congelador.
Para que las especias conserven su sabor, procura guardarlas en un lugar oscuro y fresco, ya que el calor y el exceso de luz las resecan y les quita sabor y propiedades.
Sobre todo para cuando tienes que conseguir que las coman los niños, suaviza el sabor de las verduras antes de freírlas, hirviéndolas durante 2 minutos. ¡Escúrrelas bien y a freír!