Sobre todo para cuando tienes que conseguir que las coman los niños, suaviza el sabor de las verduras antes de freírlas, hirviéndolas durante 2 minutos. ¡Escúrrelas bien y a freír!
Cuando las cebollas tienen un sabor demasiado intenso y son desagradables de comer, córtalas en rodajas y deja que maceren en una mezcla de aceite de oliva y zumo de limón, intentando que el líquido las cubra por completo.
Deja que "llore" la cebolla y a comer, deliciosas y suaves.
Para que las patatas fritas queden crujientes, seca bien la patata (incluso con un secador) antes de freírlas y sazónalas justo al sacarlas del aceite.
Para que tus patatas crujan por fuera y queden tiernas por dentro, pélalas y pícalas en tiras finas, sazónalas y congélalas, cuando vayas a consumirlas, fríelas en abundante aceite bien caliente sin descongelar.
Para que las especias conserven su sabor, procura guardarlas en un lugar oscuro y fresco, ya que el calor y el exceso de luz las resecan y les quita sabor y propiedades.
Cuando queramos cocinar riñones, hay un pequeño truco para quitarle el mal sabor: ponerle unos pedacitos de corteza dura de jamón curado en el guiso.
Tendrán un sabor delicioso.