Si el caldo del guiso de legumbres que estás preparando te queda demasiado líquido y quieres espesarlo de forma rápida y sencilla, solo tienes que machacar unas cuantas de las legumbres del guiso, bien en un mortero o bien aplastándolas con una cuchara contra las paredes del puchero u olla en la que las hayas preparado.
Una vez machadas las legumbres, deja el guiso al fuego 3-4 minutos y verás como espesa. Si no espesa lo suficiente, solo tienes que repetir la operación con unas cuantas legumbres más.
El día que vayas a poner legumbres a hidratar, garbanzos, judiones, alubias blancas o pintas (las lentejas no necesitan remojo, pero también se podría hacer si lo queréis) añade mucha más cantidad de la que vayas a utilizar. Una vez hidratadas, escúrrelas bien, mételas en unas bosas para congelados y congélalas. De esta forma siempre tendrás legumbres hidratadas en el momento y no necesitarás acordarte de ponerlas a hidratar el día anterior.
Evita que los guisantes se arruguen después de sacarlos del agua de cocción, dejándolos enfriar en el propio agua de cocción.
Ponemos los garbanzos en remojo toda la noche, al día siguiente los enjuagamos y los dejamos escurriendo una media hora.
Ponemos la cantidad que queramos en una bolsa hermética y ya los podemos congelar y usar (descogelandolos previamente) cuando los vayamos a cocinar.
Aunque las lentejas tienen la fama, son los garbanzos los que más hierro nos aportan, pero para que ese hierro sea bien absorbido por nuestro organismo, toma siempre de postre algún cítrico (naranja, pomelo, kiwi...). Si te los haces en ensalada, alíñalos con limón.
Para que las verduras que hayamos cocido en exceso, y por lo tanto estén casi pasadas de cocción, procederemos a sacarlas del agua caliente y colarlas. A continuación, echamos las verduras en un recipiente con agua fría e hielo y las dejamos reposar hasta que la verdura esté completamente fría.
En cuanto la verdura entra en contacto con el agua fría, se quedan igual de cocidas que como las sacamos del agua, pero sin seguir haciéndose en el plato.
Si estás haciendo un pastel o una tarta, y la masa que vas a utilizar de base es hojaldre, evitarás que esta suba de forma desproporcionada, colocando encima un buen puñado de garbanzos secos antes de meterlo en el horno.
Para que el hierro que nos aportan las lentejas sea bien absorbido por nuestro cuerpo, toma siempre de postre algún cítrico (naranja, pomelo, kiwi...). Si te las haces en ensalada, alíñalas con limón.
Sobre todo para niños pequeños, este remedio es ideal. Cuando tu hijo se golpee coloca sobre el lugar del golpe una bolsa de guisantes o judías verdes. El frío calma el dolor y el hecho de ponerles una bolsa de verduras a los niños les hace gracia y dejan de llorar.
Evita que las judías te den gases, cociéndolas en el agua en la que NO las hayas tenido a remojo, ya que en ésta se quedan las sustancias que originan las flatulencias.