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Pescado azul: tipos y beneficios

El conocido como pescado azul está incluido en todas las dietas cardiosaludables, debido a su alta concentración de grasas poliinsaturadas como el Omega 3. Hay quienes asocian lo graso en alimentación con lo poco conveniente, o nocivo, pero para entender los beneficios del consumo de pescado azul en el organismo, hay que partir de las diferencias que existen entre las grasas saturadas y las grasas no saturadas; o lo que es lo mismo, entre grasas malas y grasas buenas, respectivamente.

Resumiendo mucho, podemos decir que las grasas saturadas o grasas malas, provienen en su mayoría de la carne animal, y de los derivados de la leche, mientras que las grasas no saturadas o grasas buenas, que a su vez se dividen en monoinsaturadas y en poliinsaturadas, se encuentran fundamentalmente en los aceites de frutos y semillas, y en los pescados grasos. Entre las grasas no saturadas, hay algunas que no pueden ser generadas por el cuerpo humano, resultando totalmente necesario ingerirlas con los alimentos. Son las conocidas como grasas esenciales.

Pues bien, el pescado azul es una de las principales fuentes de ácidos grasos esenciales que se conocen. Precisamente, la diferencia principal entre el pescado azul y otros como el pescado blanco, reside en su mayor cantidad de grasa, un tipo de grasa buena y necesaria para que nuestro sistema circulatorio, nuestro corazón y nuestro cerebro, funcionen correctamente. Las grasas poliinsaturadas del pescado azul, por ejemplo, contribuyen a contrarrestar los niveles de colesterol malo (LDL) en el organismo, al mismo tiempo que ayudan a incrementar los de colesterol HDL, o colesterol bueno.

¿Cuáles son los pescados azules más comunes?
Entre los  principales tipos de pescados azules, los más consumidos son el atún, el salmón, la sardina, la caballa, el arenque, el pez espada, y el boquerón (o anchoa).

Inconvenientes del pescado azul
Con todo lo dicho, parece imposible que al consumo de pescado azul se le pueda atribuir ningún tipo de inconveniente; sin embargo, la actividad humana ha convertido algunos mares en vertederos de mercurio y de materiales radiactivos que, en mayor o menor medida, han acabado contaminando a muchos de los seres vivos que los habitan, entre ellos al pescado azul. Debido a este hecho, organismos como la Agencia Española de Seguridad Alimentaria han llegado a desaconsejar el consumo de atún y pez espada por su alto contenido en mercurio, siendo los niños y las mujeres embarazadas las más vulnerables a estas sustancias.

No obstante, muchos de los pescados azules que se venden en las pescaderías, como el salmón, proceden de la acuicultura, y no de la pesca tradicional, lo cual los libraría, a priori, de toda sospecha de contaminación de mercurio. Sin embargo, todos hemos leído y oído teorías sobre la alteración de la naturaleza del pescado azul criado en piscifactorías, debido a su pobre alimentación. Personalmente, carezco de la información necesaria para convertirme en defensor o en detractor del pescado de piscifactoría, aunque el instinto me lleva a preferir, por lo general, el pescado obtenido mediante métodos extractivos, y a ser posible de pequeño tamaño. Las sardinas y las anchoas del Cantábrico son un buen ejemplo.

Foto: Joi

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