Una buena forma para saber si las patas enteras están bien cocidas o no en su interior, es atravesarlas con un cuchillo por su parte central. Si la patata, además de no poner mucha resistencia al cuchillo, se cae con facilidad es este, está lista.
Simplemente pinchando varias veces la patata en crudo, antes de empezar a cocerla, con un palillo grande o una herramienta similar, conseguiremos reducir bastante el tiempo necesario para su cocción.
Si te cuesta conciliar el sueño, prueba a cenar patata y/o guisantes cocidos. Además de sanos, saciantes y ricos en fibra, te aportarán Triptófano, un aminoácido esencial necesario para dormir mejor.
Para que las patatas cocidas no se deshagan al hacer ensaladas, ensaladillas u otros platos, se debe echar en el agua de la cocción unas gotas de vinagre, de esta manera cuando mezcles la patata, esta no se deshará y no se convertirá en puré.
Si se te abre la tortilla puede ser porque le eches mucha patata (o poco huevo) o que la tengas demasiado tiempo al fuego, aunque sea a fuego lento.
Para que las patatas conserven mejor las vitaminas, hiérvelas con la piel y pélalas después de que estén bien cocidas.
Para evitar que la piel de la patata reviente cuando la estés cociendo, añade una cucharada de aceite en el agua de cocción y no le añadas sal hasta 2 minutos antes de retirarlas del fuego.
Para que tus patatas crujan por fuera y queden tiernas por dentro, pélalas y pícalas en tiras finas, sazónalas y congélalas, cuando vayas a consumirlas, fríelas en abundante aceite bien caliente sin descongelar.
Para que nunca más las patatas asadas te queden por dentro duras, antes de meterlas en el horno, cuécelas en agua durante unos 15 minutos y luego mételas al horno unos 30-40 minutos.
Para que las patatas fritas queden crujientes, seca bien la patata (incluso con un secador) antes de freírlas y sazónalas justo al sacarlas del aceite.