Receta: ensalada de pamplinas

Hace ya unos cuantos años que, paseando entre las encinas que abundan en mi querida Extremadura, más concretamente en la sierra de los Ibores, mi madre me comentó con una mezcla de alegría y nostalgia que siendo una niña, en su casa comían toda clase de hierbas y verduras que se cogían directamente  del campo. Me habló de las romazas (que pueden sustituir perfectamente a las espinacas, pero tienen mucho menos sabor), de los espárragos trigueros silvestres, de los cardillos y de las pamplinas. Todas estas hierbas eran, o no, un delicioso bocado en épocas pasadas (pero era lo que había).

Lo que más curioso me pareció era el nombre de esa planta llamada pamplinas, y en cuanto tuve la posibilidad de probarla, lo hice. No entendía la razón por la que una plata tan bonita (porque os aseguro que lo es) tenía un nombre tan «poco agraciado», hasta el momento en el que me decidí a limpiarlas (jeje).

Y es que las pamplinas no es que sean una pamplina en el momento de recolectarlas, no, no. Con una tijera y un par de cortes, se tiene un buen manojo de ellas. Tampoco es un pelmazo (con perdón) comerlas, ya que tienen un tamaño perfecto para comerlas casi sin tener ni siquiera que masticarlas. No, la pamplina, os lo aseguro, es limpiarlas. Dado que crecen en riachuelos y forman un manto vegetal denso, van atrapando entre sus tallos y hojas toda clase de bichillos, hierbas secas y demás «menudencias» que el agua transporta… Esa fue mi primera experiencia como limpiadora de pamplinas hace ya más de 12 años.

Pero hoy he pensado que más de un decenio era tiempo suficiente para volver a disfrutar de esas pequeñas plantas verdes de hojas con forma y tamaño de lenteja, de sabor entre dulce y ácido y por eso he pensado compartir con todos vosotros esta increíble ensalada perfecta para las cenas o comidas navideñas… Ah, y una cosa, os aseguro que en esta ocasión el proceso de limpiar las pamplinas no me pareció tan horroroso como la primera vez ¿Será que me he hecho mayor?

Ingredientes para 2 personas:

Ensalada de pamplinas, naranja, dátiles y turrón.
100 gr. de pamplinas limpias (si no encontráis las pamplinas, podéis usar canónigos)
50 gr. de turrón de Jijona
1 naranja
2 dátiles frescos (ó 3 secos)
Sal Maldon
Vinagre de Módena
Aceite de oliva virgen extra

Elaboración de la ensalada de pamplinas:

Paso a paso de la receta de ensalada de pamplinas
El proceso de elaboración de esta ensalada no tiene demasiada complicación. Como veis en el «paso a paso»de la receta, éste consiste en pelar la naranja y cortar los gajos en trocitos, quitar los huesos de los dátiles y cortarlos a la mitad, cortar también el turrón en pedacitos, lavar bien las pamplinas, mezclar los ingredientes, y aliñarlos.

Para el aliño, te damos algunas sugerencias interesantes en este enlace.

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6 comentarios en “Receta: ensalada de pamplinas”

    1. Sofia Rodriguez

      Cesta ecologica, te aseguro que estaba buenísima, aunque creo que con miel en el aliño estaría aún más rica, te animo a que la hagas y me cuentes.
      Saludos.

  1. a mi me encantan en Cáceres sobre febrero marzo las vende el señor que se pone a vender oregano aceituna esparragos etc en los multiples yo las hago con un poquito de ajo picado, aceite y sal, con eso basta y estan de lujo

    1. Sofia Rodriguez

      Gracias por la información Alberto, no tenía la menor idea que ese señor las vendiera (la verdad es que el hombre tiene de todo, jeje), pero lo que más me alegra es que no solo sea mi madre las que las conoce con ese noimbre.
      Un saludo.

  2. LA ENSALADA DE CORUJO

    Cuando llueve en el otoño
    de una forma persistente,
    y es alegre la corriente,
    el corujo ya es retoño.

    Dormita algunas semanas
    y en marzo se manifiesta,
    y buscarle es una fiesta
    que la emprendemos con ganas.

    Calzando botas de goma
    y portando unas tijeras,
    en arroyos y praderas
    vemos que grácil asoma.

    Es la humildad candorosa
    crecida dentro del agua,
    y le visten con su enagua,
    la margarita y la rosa.

    Lo busco en los Banderuelos,
    llevando un cubo en la mano
    con la fe del artesano
    que busca el oro en los suelos.

    Busco en Orilla Moral,
    en el borde de una poza,
    que se alegra y se remoza
    de un arroyuelo invernal.

    Busco por Prado Maíllos,
    entre matojos y vacas,
    soliviantadas urracas
    y zarzas como cuchillos.

    Y me extiendo hasta el Juncar
    y los prados de la Higuera,
    husmeando en la reguera
    su apetecible manjar.

    Y es porque es manjar de dioses
    el alabado corujo,
    en Cenicientos un lujo
    y en las mesas puros goces.

    Se prepara en ensalada,
    con cebolla y aceitunas
    y es paladar de fortunas,
    cuando está bien aliñada.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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