Guerra abierta contra las calorías en EE.UU.

La tendencia al alza progresiva de las tasas de obesidad entre la población norteamericana, ha llevado a los dirigentes norteamericanos a tomar multitud de medidas que atañen directamente a los restaurantes, en lo que parece una guerra abierta y sin cuartel contra las calorías. Concretamente, hay dos propuestas con sus correspondientes leyes aplicadas desde comienzo de este año, especialmente llamativas por todo lo que implican. La primera, la de aplicar un impuesto especial a los fast food -o restaurantes de comida rápida-, una medida de la que se han dado réplicas en países como Dinamarca, donde el gravamen ha recaído en los alimentos ricos en grasas saturadas. Y la segunda, la de obligar a los restaurantes a indicar la cantidad de calorías de cada plato ofrecido, una cuestión que ha traído cola, al haberse detectado numerosas irregularidades entre la realidad y la información ofrecida en la mayoría de los restaurantes analizados.

La verdad es que el hecho de que los americanos estén cada vez más gordos, es algo que me preocupa. Me ha preocupado siempre porque creo que, por desgracia, en Europa somos como esponjas absorbentes de la forma de vida de éstos, especialmente de lo malo. En España, la cuna de la dieta mediterránea, la obesidad se ha convertido en una epidemia cada vez más extendida, que afecta especialmente a los niños. Por eso no me sorprenderé si en unos años nuestras leyes se suman a la guerra contra las calorías con medidas parecidas a las que ahora se están aplicando en EE.UU.

Eso sí, aunque personalmente estoy de acuerdo con la decisión de aplicar un impuesto a los alimentos que, a la larga, más gastos acarrean a la sanidad del país, y con la de informar de las calorías de las comidas que se sirven en los restaurantes, yo puntualizaría. Para empezar, no me ceñiría únicamente a las calorías, sino que exigiría informar de otros valores nutricionales de los alimentos, especialmente de las grasas saturadas. Pero por encima de todo, yo concentraría todos mis esfuerzos en educar desde la base, en las escuelas pero también desde los medios de comunicación de masas. Los americanos fueron capaces de hacer creer al mundo que fumar era un hábito saludable propio de cowboys jóvenes de aspecto inmaculado, para más tarde meterle el miedo en el cuerpo a todo el que se echaba un pitillo a la boca. Así que estoy seguro de que cuentan con los instrumentos y con la capacidad necesaria para hacer que todo el mundo sepa qué está comiendo cuando come -en un restaurante o en su casa-, si debe, si no debe, si está siguiendo un régimen alimenticio más o menos acorde con su actividad, o si come equilibradamente. No es tanto pedir.

Foto: Into the lens 4149

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Ricardo Ojalvo

Se define a través de sus recetas y artículos como un consumidor consciente y un amante de la cocina dominado por la curiosidad, comprometido con la causa de los platos fáciles, rápidos, ricos y sanos. Su pasión de eterno aprendiz es la sal de sus publicaciones, y su humor, la pimienta.

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