Visitamos la fábrica de Caldo Aneto Natural

Visitamos la fábrica de Caldo Aneto Natural
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Hace 5 días fui a casa de mi madre a hacer caldo casero. Perdón, quería decir que fui a la fábrica de Aneto a ver en vivo cómo se elabora el caldo Natural, el auténtico caldo Aneto que llevo consumiendo desde hace años.

Fue un placer, ya que soy fan de estos caldos, como digo, desde que mi vida se aceleró hasta el punto de no poder permitirme el lujo de hacer mi propio caldo casero. Además, tuve la suerte de conocer al equipo de Aneto en Alimentaria 2014, y desde entonces, mi fe ciega a este fantástico producto se había convertido en convicción.

Lo intuía, me lo habían contado, y me lo creía: el caldo Aneto era verdadero caldo natural, hecho tal y como cualquiera de nosotros hacemos caldo casero, con los ingredientes que se indican en el brick; pero me faltaba verlo con mis propios ojos, una oportunidad que me brindaron en bandeja desde Aneto y que me ilusionaba llevar a término.

Haciendo el camino desde el aeropuerto de El Prat hasta Artés, el pequeño pueblo en el que se ubica la planta de Caldos Aneto, tuve la ocasión de charlar distendidamente con Josep Gasquet, uno de los responsables de Marketing de la compañía, y conocer algunas anécdotas curiosas acerca de ésta, como que en sus orígenes Aneto era una fábrica de jamones (el logo de entonces aún se puede ver en el brick del caldo de jamón Aneto), o que sus primeros “influenciers” televisivos fueron María Teresa Campos, Boris Izaguirre y Anne Igartiburu, tres enamorados convictos del caldo Aneto.

Los ingredientes

Fábrica de Caldos Aneto

De la visita a una fábrica de la envergadura de la de Aneto, uno se puede esperar descubrir algo sorprendente que no haya visto nunca, pero más allá de la bata blanca, el gorro y los cubre botas que me invitaron a usar para evitar cualquier posible contaminación en el interior, todo lo que vi en las naves dedicadas a la recepción de materia prima y a la elaboración de los caldos, resultó ser una recreación a gran escala del proceso, sencillo como el llover, que tiene lugar en cualquier cocina de cualquier hogar donde se haga caldo casero.

Fábrica de Caldos Aneto

El día de mi visita, las cuatro grandes ollas de la fábrica estuvieron cociendo caldo de puchero Aneto, mi preferido (la no elaboración de distintos caldos a la vez, permite evitar posibles trazas de los ingredientes de unos caldos, en los bricks de otros caldos), así es que me vi rodeado de grandes palets llenos de verduras frescas (nada de excedentes de producción en mal estado) como coles, zanahorias, puerros y apios; así como contenedores de huesos de jamón y de carne de ternera.

Las ollas

Las ollas en las que se cuecen todos esos ingredientes en proporción de 1 parte de sólidos por cada 2 partes de agua, son cuatro grandes tanques con sus tapaderas herméticas, en los que los ingredientes son añadidos a través de un cestillo que permite retirarlos con facilidad después de 3 horas de cocción a 100ºC.

Fábrica de Caldos Aneto

Nada que no sepas hacer tú mismo, salvo que en este caso el funcionamiento de las ollas se controla en todo momento a través de monitores que registran e informan de cada detalle.

El acabado industrial

Si leyendo el enunciado te esperas que ahora desvele algún secreto increíble que ponga distancia entre lo que se hace en la fábrica de Aneto, y lo que se hace en cualquier cocina doméstica, te voy a volver a resultar aburrido.

Sí, #yolohevisto y aquí no se hace nada que no se pueda hacer a pequeña escala; de hecho, todas las recetas de los caldos Aneto nacen de una cocina normal y corriente en la que un cocinero hace lo que tiene que hacer: probar nuevos caldos, e intentar mejorar lo presente.

Fábrica de Caldos Aneto

Por acabado industrial me refiero a todo el proceso posterior a la cocción del caldo y que se reduce básicamente a dos trámites, esta vez sí, altamente mecanizados: el de homogeneizar los caldos (es decir, mezclar los caldos de las cuatro ollas en una sola, para evitar cualquier posible diferencia entre unos y otros, por improbable que sea), y el de envasar el caldo en bricks. Ambas fases tienen lugar en salas diferentes, a las que sumarían diversos emplazamientos destinados al almacenamiento de los bricks de caldo natural.

Reflexión

Uno no se explica, por más que lo intento, por qué en los tiempos que corren existe una perversión tal del uso de palabras como “natural” o “casero” por parte de la industria alimentaria, y por qué es posible hacer esto sin que ninguna autoridad ponga veto. Tanto es así, que el consumidor se ha vuelto desconfiado hasta el punto de ver fantasmas incluso donde no los hay.

Fábrica de Caldos Aneto

Si nos ceñimos a la elaboración de caldos, lo que yo entiendo por “natural” es algo que se corresponde escrupulosamente con lo que tiene lugar las 24 horas del día, de lunes a viernes, en la fábrica de Aneto. Por eso, y porque ninguna otra marca de caldos de este nivel puede sostener una afirmación así, cada cosa tiene el precio que vale.

Y es que, hoy más que nunca, cuando la mayoría de los productores apuestan por minimizar la calidad de sus productos en pos de multiplicar sus beneficios, haciendo uso de todo tipo de malas prácticas, la información de los envases y el contenido de los anuncios televisivos de los productos, entre otras cosas, debería ser absolutamente honesto, franco y transparente, y no lo es ni por asomo.

Yo no sé cómo se hacen los caldos en otras fábricas, ni con qué, pero lo intuyo (en todo caso, estaré encantado de ser tus ojos si cualquier otra marca se presta a ello, aunque lo dudo); por eso es una gozada como consumidor saber que, como en todos los ámbitos de la vida, aún hay quienes apuestan por el buen hacer.

Lo ideal sería que algún día volviera a no tener sentido usar adjetivos como “natural” o “casero” asociado a ningún producto, por el simple y llano hecho de que todo fuese natural y casero. Todo lo que puede serlo, claro.

“La verdadera competencia de Caldos Aneto es la de todos aquellos que hacen sus caldos en casa”. No se me ocurre una frase mejor que ésta del propio Ramón Gasquet, para condensar el poso de sensaciones que me dejó mi visita a la fábrica de Aneto y para poner fin a este artículo.

Sólo me queda darle las gracias a la familia Aneto, y desearles que no cambien nunca.

Un comentario en “Visitamos la fábrica de Caldo Aneto Natural

  • 3 marzo, 2017 a las 16:46

    Es una tranquilidad saber que existen productos tan naturales como éste. ¿Por qué no aprenden otras marcas y fabrican también sus productos de la misma manera? Está claro que sí se pueden hacer las cosas bien sin recurrir al aceite de palma y porquerías similares. Mis felicitaciones para la marca Aneto.

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Ricardo Ojalvo

Se define a través de sus recetas y artículos como un consumidor consciente y un amante de la cocina dominado por la curiosidad, comprometido con la causa de los platos fáciles, rápidos, ricos y sanos. Su pasión de eterno aprendiz es la sal de sus publicaciones, y su humor, la pimienta.

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